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Dolors Vázquez

Foto de Dolors Vázquez“Merece la pena vivir la dignidad de la persona, sea cual sea su discapacidad”

Dedicada profesionalmente a la pintura artística, Dolors Vázquez Aznar (Valencia, España, 1955), se licenció en Derecho en la Universidad de Valencia en 1983. Vive y trabaja en su ciudad natal y es becaria de la Asociación de Pintores con la boca y con el pie. Su discapacidad parte de las secuelas que le dejó una parálisis cerebral en el momento del parto y una posterior poliomielitis. Todo ello le afectó el control del movimiento de sus brazos, músculos faciales y pierna derecha.

En su juventud, en los años 70, asistió por vez primera a algunas reuniones de Frater, que pronto abandonaría, para regresar “con más conciencia y sensibilización” diez años después. A su retorno, empezó a asumir responsabilidades a nivel diocesano y posteriormente, nacional. “Siempre me he sentido comprometida dentro de la Iglesia –explica- porque estoy convencida de la dignidad de la persona, de que esta vida que recibimos de Dios es, o puede ser, muy bonita y merece la pena vivirla, sea cual sea nuestra discapacidad, con una buena calidad de vida”. Una calidad de vida que se puede conseguir mejor trabajando en equipo, “al estilo de Frater”, indica Dolors.

Dimensión espiritual

Toda organización compuesta por personas, como Frater, refleja debilidades humanas “como la comodidad, el encerrarnos en nuestro equipo y la de no encontrar la forma adecuada de comunicar a la sociedad”, asegura. Sin embargo, en el plano positivo Frater “reconoce la parte espiritual del ser humano trabajando también su desarrollo para sentirnos seres completos”, subraya. “Cada persona es parte de un todo, de una unidad y, por tanto, queremos trabajar para conseguir una calidad de vida óptima  para las personas que tenemos alguna discapacidad física, haciéndolo juntos, organizados en equipo”.

El objetivo del equipo intercontinental debe estar guiado por el respeto a las peculiaridades de cada nación y apoyar su actividad “estando presentes en aquellas que lo necesiten”. En todo caso, Frater Intercontinental debe “coordinar a las personas que pertenecemos al movimiento en los distintos continentes para mantener la unidad de la Fraternidad Cristiana de Personas con Discapacidad”.

El problema del aislamiento

La diferente problemática entre el llamado primer mundo y el resto “puede ser muy dispar”. No obstante, Dolors cree que “el problema general del ser humano, en esta sociedad con tanta información, es el separatismo, el aislamiento”. En este sentido, entiende que Frater puede ser útil “siendo capaz de concienciar en la unidad y reconocimiento de la igualdad en dignidad de cada hombre y mujer, sea cual sea su lugar de nacimiento y su condición física”.

En el plano religioso, Dolors considera desde su experiencia que cada vez “se ha prescindido más de la religiosidad y es difícil transmitir el mensaje íntegro de Jesús, en todo su equilibrio oración-acción, porque la gente se queda a veces con una faceta más destacada que otra”. No obstante, Frater dispone de una herramienta que dejó el fundador, el padre François: los contactos personales. Con ellos, explica Dolors, “mostramos nuestra manera de hacer y el estilo de cercanía que se da y que hemos aprendido de las actitudes de Jesús”.


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Mª Dolores Varea

Foto de Mª Dolores Varea“El equipo debe ser apoyo y referencia para los fraternos”

Mª Dolores Varea Andrés (Burriana, Castellón, España, 1945) vive y trabaja en su localidad natal, “un pueblo grande y acogedor”, al borde del Mediterráneo. Su infancia estuvo marcada por una grave fase de enfermedad y una dura rehabilitación, tras la cual logró “aceptar la discapacidad” y se decidió a estudiar. Licenciada en Psicología, hoy desarrolla su profesión en el área de Servicios Sociales del Ayuntamiento de su pueblo.

Fue en la adolescencia, “hacia los 15 ó 16 años”, cuando contactó con Frater a través de los fraternos de Castellón y Valencia, quienes le impulsaron “a desarrollarme como persona y sentirme querida por Dios”, explica. A lo largo de su vida, ha ejercido responsabilidades en la organización a nivel local, diocesano, de zona, nacional, continental… “aquello que estaba en mi mano y que he ido realizando en equipo”.

Seres completos

La experiencia de Mª Dolores le ha llevado a la conclusión de que la mayor fortaleza de los fraternos es “sentirnos seres completos, maravillosos hijos de Dios, llamados a proclamar que vivir es bueno y mucho más cuando el amor se expande”. Los momentos de debilidad llegan, asegura, “cuando te engulle la realidad social  que proclama la parálisis del miedo”. El compromiso por la vida siempre pervive, por encima de las etapas negativas, cuando el movimiento “funciona por inercia, con poco entusiasmo y convencimiento”, por falta de actitud de las personas.

Desde su nuevo papel en el equipo intercontinental, la cúspide de la organización, asegura que éste debe tener un papel de apoyo “y si hace falta, de referencia, para clarificarnos en las dificultades y compartir alegrías”. Desprovisto de todo poder material, al igual que cualquier otro grupo de Frater, el equipo logrará sus objetivos “si queremos estar unidos manifestando nuestra diversidad y haciendo un camino de servicio y de llamar a las puertas que sean necesarias”.

Un estilo cristiano

Una de las dificultades con que se encuentra un equipo intercontinental es la adaptación a distintas culturas y visiones de la discapacidad. En este contexto, “no siempre es fácil mostrar nuestras motivaciones cristianas, cuando, además, nuestro compromiso con la persona varía poco "externamente" del trabajo de otros colectivos vinculados con la salud, la educación, etc.”, asegura Mª Dolores. No obstante, se muestra confiada en que “el que quiera "mirar" puede "ver" actitudes y estilos más cercanos y amorosos que nos llevan a "algo más" ”

El reto del equipo debe ser “estar cercanos para reconocer dónde podemos ser útiles”, hoy como siempre. Asimismo, un objetivo ambicioso es el de “dar a conocer la Fraternidad y cuidar de despertarla donde esté dormida”. Hay que soñar despiertos…


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Albert Arrufat

Foto de Albert Arrufat“Nuestro carácter cristiano nos ayuda y nos exige”

El consiliario intercontinental de Frater es Albert Arrufat Prades (Vila-real, Castellón, España, 1966). Sacerdote secular de la diócesis de Segorbe-Castellón desde 1992, reside en su localidad natal y es licenciado en ciencias eclesiásticas en la Universidad Gregoriana de Roma y doctorando en Comunicación Institucional en la Universitat Jaume I de Castellón. Asimismo, en sus expediente académico consta también el Diploma de Pastoral de la Comunicación Social en el Studio Paolino Internazionale della Comunicazione Sociale de Roma.

Albert era aún seminarista cuando unos amigos le animaron a participar en la colonia de verano de Frater. “Desde entonces me he ido integrando en el Movimiento como uno más”. Al principio, en el equipo local de Castellón. Más tarde, ejerció como como consiliario diocesano durante 13 años, para culminar en el equipo intercontinental en 2005. La vida de equipos de base ha forjado su formación en la organización y ahora como consiliario intercontinental. Al tiempo, ha colaborado con sus compañeros de Frater en responsabilidades a nivel regional y estatal.

Una familia que acoge

A juicio de Albert, la principal cualidad de Frater “es el ambiente de normalidad e igualdad que se trata de crear”. El sentimiento del movimiento es el de “una familia en la que, a pesar de las diferencias, nos podemos sentir acogidos y estimados como somos”. En Frater no existen distinciones entre personas con discapacidad y personas sanas. Es más, la responsabilidad del Movimiento “recae siempre en personas creyentes y con deficiencia, lo que garantiza el ambiente de valoración, superación y compromiso con las personas de este colectivo social”.

La realidad de la discapacidad es “cambiante y plural”, lo que obliga a una adaptación continua a sus nuevos retos. Es un talón de Aquiles que afecta “a la hora de la renovación de los responsables, o por la falta de colaboración de personas sanas de una forma desinteresada”. Pero las dificultades son vividas también como “oportunidades para evolucionar y crecer”.

Comunicar y animar

El primer objetivo del equipo intercontinental, considera Albert, es “comunicar y animar”. Se trata de “mostrar todo lo que realiza la pluralidad de miembros a los que servimos y que ellos mismos se conozcan”, para propiciar un contacto “lo más personal posible”, una de las bases del movimiento. Esta estrategia debe “animar a los mismos fraternos a seguir en su tarea propia de cada día en su realidad concreta”.

La disparidad de problemáticas a que hace frente Frater en todo el planeta es común a otras organizaciones, que también topan “con esa barrera del injusto reparto de las oportunidades”. Mediante el respeto a las legítimas diferencias que caracterizan las culturas en las que nos movemos, “debemos trabajar porque la brecha social sea cada vez menor”, reflexiona.

En opinión del consiliario intercontinental de Frater, “nuestro carácter cristiano, tanto en nuestro nombre como en nuestra identidad, nos ayuda y nos exige” simultáneamente. “Nos ayuda a reconocer lo verdaderamente evangélico y cristiano, incluso más alla de nuestra propia fe, en el esfuerzo de tantas personas por ir superándose en medio de la discapacidad”. Y también supone una exigencia “porque es un camino constante de conversión hacia los más pobres y que nos compromete ante un mundo que no perdona la hipocresía religiosa y que, por ello, exige más a los que nos llamamos creyentes”.


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Mónica Rueda

Foto de Dolors Vázquez“Frater lanza un claro mensaje de amor por nuestros hermanos”

Española de adopción y nacionalidad recién estrenada, Mónica Lucía Rueda Rivera (Cali, Colombia, 1972) acompaña como voluntaria al equipo intercontinental. Licenciada en Comunicación Social - Periodismo, vive en Burriana y trabaja en Castellón, donde en 2003 tomó contacto con Frater trabajando para el Equipo General de España durante ocho meses. Posteriormente, desarrolló tareas de cuidadora en el Maset de Frater en Castellón hasta el pasado mes de junio de 2005.

Convencida de que Frater “es un movimiento de evangelización que se fundamenta en el amor al prójimo, cumple con su misión y ayuda a dignificar la vida del ser humano en su discapacidad”, entiende que la organización “promueve el camino de la libertad y el esfuerzo propio, contribuyendo a que sus miembros participen y se incorporen activamente en la sociedad, al tiempo que fomenta la unión entre sus miembros y acoge con los brazos abiertos a quienes se acercan para poner su granito de arena”.

Trasladar el mensaje del amor

En medio de las distancias geográficas, culturales, lingüísticas o de religión, la diferenciación de Frater existe, a juicio de Mónica, y está representado en las palabras del padre François: “El amor fraternal evangélico es: universal, gratuito, recíproco, creador, preferentemente, va a los menos amados”. Por ello, el papel de Frater Intercontinental debe ir encaminado a “hacer llegar dicho mensaje a cada rincón y recordar a quienes se han comprometido en este caminar que lo que nos une es mucho más fuerte que lo que nos separa, es un sentir común a todos, un llamado al servicio y al amor al prójimo-próximo”. Además, el equipo intercontinental está llamado a “unir lazos fraternos entre los distintos continentes en los que se encuentra, retroalimentando experiencias de unos y de otros, compartiendo saberes, dudas, éxitos, triunfos y fracasos”. En definitiva, “es un puente de comunicación”.

Aprovechar la diferencia

Mónica considera que la organización debe, a nivel internacional, sacar provecho de las fortalezas y debilidades de cada lugar y poner puntos en común. Existen “diferencias abismales” entre las realidades y problemáticas existentes entre los distintos continentes, entre un país y otro, “pero también sabemos que las necesidades de las personas con discapacidad entre un lugar y otro pueden ser las mismas que el respeto y el trabajo por la dignidad del ser humano es el mismo en Italia que en Perú”. Sin olvidar que la vivencia del Evangelio “es común a todos”.

Mónica concluye que Frater como Movimiento se dirige “a todos en general” desde “un claro mensaje de amor por nuestros hermanos y que nos invita a trabajar juntos para poner en practica dicho mensaje”.


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